Los terremotos en Venezuela dejaron más que el dolor por la pérdidas de vidas y viviendas, pues la indignación se apoderó de los venezolanos que ven la obstaculización de las labores de rescate y ayuda por parte de quienes, se supone, deberían haberse sumado a estas tareas y, al parecer, solo torpedean el trabajo que en este sentido lleva a cabo la población civil y los grupos internacionales que llegaron al país. Hablamos de la fuerza armada —los militares— y la policía.
En el estado La Guaira —el más afectado por los sismos— la escena se repite día a día en todos los lugares donde aun se cree hay personas con vida bajo los escombros. Desde el primer día del evento sísmico la queja ciudadana es la misma: no hay ayuda gubernamental y cuando los militares y policías se presentan, solo impiden la labor de quienes efectivamente están trabajando en el rescate y de quienes hacen llegar la ayuda humanitaria para los afectados.
Un ejemplo de ello ocurrió en Caraballeda, parroquia de La Guaira donde los militares vigilan sin ayudar mientras un grupo de personas remueve los escombros en busca de sobrevivientes. Una actitud que rebosó la paciencia de uno de estos rescatistas, quien los increpó: “¿Por qué traen armamento? ¡Lo que tenían que traer era una pala! ¿Por qué van armados? ¿Dónde está la guerra? La verdadera guerra está ahí”, y señaló los escombros.
Ante el reclamo: indiferencia.
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Terremotos en Venezuela: indiferencia militar y gubernamental
Los dos terremotos en Venezuela del pasado 24 de junio de 2026, lejos de incentivar en el gobierno y las fuerzas de seguridad una respuesta dirigida a la asistencia ciudadana traducida en el rescate de sobrevivientes y dispensar ayuda a la población afectada, se han dedicado a obstaculizar el trabajo de quienes sí están dispuestos a ello: el pueblo venezolano y los grupos internacionales de ayuda.
Las redes sociales son pródigas en denuncias y quejas por la inacción y abusos de militares y policías. La indignación se hace sentir, como es también el caso de Julián Bordones, un rescatista que, entretanto trabajaba incansablemente, era vigilado por militares en La Guaira, quienes, lejos de contribuir con su labor, impiden que siga laborando, hasta que explota: “Aquí yo he visto más fusiles que palas y aquí no hay delincuentes”.
¿La respuesta?
Más indiferencia.
La voz de la población es una sola que reclama por la inacción, control burocrático y señalamientos de abuso de poder, así como de retrasos para habilitar el acceso de rescatistas y ayuda humanitaria en las zonas de desastre.
Como Wilmer Antonio Cruz, quien reclama por el trato de las autoridades luego de que él, sin recursos ni equipos rescató unas cincuenta personas, entre sobrevivientes y muertos.
Asimismo, no faltan videos que muestran a militares y policías retirando, no sobrevivientes y cadáveres, sino muebles y electrodomésticos.
El llamado en las zonas afectadas por los terremotos en Venezuela es unánime: ¡Palas y no armas!
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