La transición en Venezuela está en curso y como ficha interlocutora la administración de Donald Trump designó a Dinorah Figuera, presidenta de la Asamblea Nacional 2015, a objeto de que establezca en Caracas los puentes de diálogo entre el chavismo y los diversos sectores de la oposición.
En conversación de Venezuela Política y Sin Filtros con el periodista y analista político, Pablo Barrios, analizamos las razones por las cuales el Departamento de Estados de EE. UU. escogió a Figuera para esta a tarea fundamental.
Pareciera que para EE. UU. el papel de Figuera como jefa del poder legislativo —institucionalidad de por medio— es prioridad en razón de la gobernabilidad y la negociación técnica, por encima del liderazgo popular que representa María Corina Machado en este momento, además de las reticencias que contra ella mantiene el régimen en el poder.
El regreso de Dinorah Figuera no es un evento fortuito ni una decisión personal aislada, sino un movimiento táctico de alta precisión dentro de la arquitectura de la «transición tutelada» diseñada por Washington. En definitiva, este movimiento representa una carta política de Estados Unidos para facilitar una salida negociada y una eventual normalización democrática en el país.
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Transición en Venezuela: institucionalidad sobre popularidad
Todo indica que Estados Unidos decidió priorizar la estabilidad operativa y la interlocución formal sobre la movilización de masas en procura de mantener el control y minimizar el caos sistémico.
Lo económico —centrado en la protección de activos y flujos energéticos— se superpone a otros intereses en esta fase política donde la figura de Figuera opera como el puente necesario entre el «Rodrigato» y el Departamento de Estado.
La transición tutelada y controlada por los Estados Unidos se tranzó, entonces por Dinorah Figuera, no una líder de masas, sino una pieza institucional clave para mediar entre el régimen venezolano y la oposición. A ella le corresponderá establecer puentes de negociación con figuras del chavismo, específicamente con Jorge Rodríguez, para discutir la reestructuración del Consejo Nacional Electoral (CNE) y sentar las bases de una transición pactada.
Esto, a diferencia de liderazgos de confrontación o de alta popularidad como el de María Corina Machado y, bajo este esquema, EE. UU. apunta a la gobernabilidad en un momento en que la política interna venezolana depende estrechamente de variables externas y de los intereses estratégicos de seguridad y energía estadounidenses.
¿Quién es Dinorah Figuera?
Dinorah Figuera es, tras la disolución del interinato, una figura reconocida formalmente por diversas administraciones estadounidenses, en razón de ser cabeza de la Asamblea Nacional electa en 2015.
Figuera se encontraba en el exilio en España en donde se mantiene —así como también la estructura de la AN 2015— con fondos venezolanos congelados en Estados Unidos. Mantiene una estrecha relación con el Departamento de Estado por sus vínculos con el subsecretario de Estado para Asuntos del hemisferio occidental, Michael Kozak.
Con poca exposición pública, pero con alta formación académica y capacidad de negociación, Figuera se erige como la ficha de EE. UU. para encaminar el proceso de transición en Venezuela.
Estrategia de los Estados Unidos: transición tutelada
La situación en Venezuela dejó de ser interpretada en Washington exclusivamente bajo la óptica de la democracia para pasar a ser un asunto de seguridad nacional y estabilidad regional.
La administración estadounidense busca convertir a Venezuela en un «hub de estabilidad regional» basado en cuatro pilares:
- Seguridad hemisférica: contener la influencia de Irán, Rusia, China y Cuba, así como el avance del crimen organizado transnacional.
- Energía: garantizar el acceso y control de recursos estratégicos como petróleo, gas y oro.
- Migración: controlar los flujos migratorios que afectan a la región.
- Control institucional: evitar el colapso total del Estado y una guerra interna mediante una salida electoral aceptable.
Plan de tres etapas
En Venezuela opera un plan de transición de tres fases coordinado desde Washington:
- Fase económica: actualmente en curso, centrada en la venta de recursos y la vigilancia estricta de cada dólar para evitar que sea desviado por el chavismo, priorizando el pago de servicios y funcionamiento estatal.
- Fase política: iniciada con la llegada de Dinorah Figuera, busca la interlocución entre la Asamblea Nacional de 2015 y la Asamblea de 2026, presidida por Jorge Rodríguez.
- Fase electoral: la constitución de un nuevo CNE y condiciones para elecciones futuras —posiblemente hacia 2028—, dependiendo del avance de las negociaciones.
¿María Corina Machado desplazada?
María Corina Machado representa el liderazgo popular y emocional. Es vista como una candidata fuerte para elecciones, pero no como una figura apta para la negociación inicial con el régimen en razón de la confrontación permanente que mantiene quienes tienen el control del poder en Venezuela actualmente.
Estamos, pues, ante un escenario de tensión latente entre el mandato ciudadano que reclama Machado y la estrategia institucional que representa Figuera.
Mientras María Corina Machado domina la calle, Dinorah Figuera posee la capacidad de interlocución con los poderes de facto y el respaldo diplomático para sentarse con Jorge y Delcy Rodríguez.
Machado representa el liderazgo popular y emocional, al tiempo que es vista como una candidata fuerte para elecciones, pero no como una figura apta para la negociación inicial con el régimen.
Algunos sectores ven la designación de Dinorah Figuera como una maniobra de Washington para desplazar a María Corina Machado, quien no es vista como una figura de «transición pactada» debido a su postura de confrontación con el régimen.
Sin embargo, la jugada de EE. UU. parece estar dirigida a priorizar la negociación política a la confrontación. A Figuera le corresponderá promover la reconstitución del Consejo Nacional Electoral y las condiciones para la realización de unas elecciones libres y transparentes, lo cual es prioritario en este proceso.
Fragmentación del chavismo
Las posiciones encontradas no ocurren únicamente en la oposición, pues igualmente el régimen no actúa como un bloque monolítico con respecto a la transición en Venezuela bajo tutela estadounidense.
Delsy Rodríguez es ante Washington una especie de garantía de orden y apertura económica para evitar la caotización y consecuencias judiciales personales. Pero tal posición despierta recelo en una parte del chavismo que desconfía de EE. UU. y de las figuras opositoras institucionales. Un sector que presiona para que cualquier cambio sea extremadamente lento y blindado, de modo de mantener su impunidad judicial.
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