En una medida que marca un antes y un después en la lucha contra el crimen organizado, el Senado paraguayo ha aprobado una propuesta de declaración crucial. El texto insta al Poder Ejecutivo a designar al «Cartel de los Soles» como una organización terrorista internacional. Esta decisión, largamente debatida, no es solo un gesto simbólico, sino un paso decisivo para proteger la soberanía y la seguridad del país.

La propuesta, impulsada por el senador Basilio Núñez, describe al Cartel de los Soles como una «fuerza desestabilizadora» que opera desde las más altas esferas del poder en Venezuela. El documento subraya la simbiosis entre el narcotráfico y el terrorismo, señalando que esta red criminal no solo busca ganancias ilícitas, sino que también facilita y financia a otros grupos terroristas como el «Tren de Aragua».
¿Qué significa esta aprobación para Paraguay?
Esta declaración es mucho más que una simple condena. Es una herramienta legal y política que dota al Estado paraguayo de un arsenal más robusto para enfrentar esta amenaza híbrida.
- Activación de leyes antiterroristas: La aprobación abre la puerta para que el Poder Ejecutivo aplique leyes más severas contra cualquier individuo o empresa que colabore o financie al cartel en territorio paraguayo. Esto podría incluir el congelamiento de activos y una persecución judicial más rigurosa.
- Fortalecimiento de la seguridad nacional: Al alinear su postura con la de otros países que han sancionado al cartel, Paraguay refuerza su compromiso con la seguridad regional e internacional. Es un mensaje claro de que el país no será un refugio para el narcoterrorismo.
- Presión diplomática: La declaración ejerce una presión directa sobre el Poder Ejecutivo para que actúe, elevando el tema a una prioridad nacional.
Un precedente histórico en la región
Paraguay no es ajeno a este tipo de medidas. El país ya ha designado a otros grupos como terroristas internacionales, entre ellos Hezbolá y Hamás. Esta nueva declaración sigue esa línea, reafirmando el compromiso del Estado con la paz, los derechos humanos y la lucha contra el crimen organizado.
Con la aprobación de esta histórica declaración, el balón ahora está en la cancha del Poder Ejecutivo. El presidente y su gabinete tienen la responsabilidad de evaluar la decisión del Senado y tomar las medidas necesarias para convertir esta declaración en una política de Estado efectiva y duradera.