
En marzo de 2020, el Departamento de Justicia de Estados Unidos lanzó una bomba judicial: una acusación federal contra Nicolás Maduro y otros altos funcionarios venezolanos, acusándolos de liderar el Cartel de los Soles, una organización criminal integrada por militares de alto rango, dedicada al tráfico de cocaína a gran escala hacia Estados Unidos.
Aquella imputación ya era histórica: se hablaba de más de 250 toneladas de cocaína enviadas con protección oficial, alianzas con las FARC para operar rutas, y uso del aparato del Estado venezolano para blindar el negocio. Pero en 2025, el caso ha dado un giro más oscuro y letal.
Nuevos cargos: cocaína adulterada con fentanilo
La fiscal general de Estados Unidos ha ampliado la acusación sumando cargos por tráfico de toneladas de cocaína adulterada con fentanilo, un cóctel mortal que, según los investigadores, buscaba aumentar ganancias y enganchar más rápido a los consumidores. Esta práctica eleva la acusación a un nivel de terrorismo químico, por el riesgo de muertes masivas y la intencionalidad de usar drogas como arma de inestabilidad social.
Designación como organización terrorista
Junto a los cargos por narcotráfico, el Departamento de Estado y el Departamento de Justicia han dado un paso decisivo: designar al Cartel de los Soles como organización terrorista extranjera. Esto no solo endurece las sanciones, sino que permite perseguir a cualquier colaborador o facilitador en terceros países con herramientas legales propias de la lucha antiterrorista.
La red financiera: bancos y paraísos fiscales
Los fiscales detallan que el Cartel de los Soles utilizó bancos internacionales, corresponsalías y paraísos fiscales para lavar las ganancias. Desde transferencias disfrazadas como operaciones comerciales, hasta el uso de empresas fachada en Europa, Asia y Medio Oriente, la estructura financiera del régimen buscó camuflar miles de millones de dólares provenientes de la droga.
Vínculos internacionales: regímenes y agencias
Las investigaciones revelan conexiones directas con gobiernos y regímenes aliados, como Irán, Rusia y Siria, además de contactos con agencias y funcionarios corruptos en África y Europa Oriental. Estos vínculos han servido para mover cargamentos, obtener protección diplomática y adquirir tecnología de vigilancia para proteger las rutas de narcotráfico.
Uno de los mayores casos de narcotráfico y terrorismo en EE.UU.
Analistas coinciden en que este caso es ya una de las conspiraciones criminales más grandes y complejas que haya enfrentado la justicia estadounidense. Combina crimen organizado transnacional, corrupción estatal, terrorismo, tráfico de drogas adulteradas y lavado de dinero a escala global.
El juicio y las nuevas pruebas marcarán un precedente legal y político en la lucha contra regímenes que, lejos de combatir el narcotráfico, lo convierten en su motor de supervivencia.