La guerra infinita se libra en Venezuela, pues si bien la captura de Nicolás Maduro y su proceso judicial en Nueva York está en desarrollo y es, sin duda un éxito táctico, esto no debe confundirse con la neutralización estratégica del objetivo que si inició con la instalación del chavismo en el poder bajo las directrices del régimen cubano.
Esta es una síntesis de la conversación sostenida con Hugo Achá en el podcast «Guerra infinita» que dirige y en el cual quedó establecido que, con la revolución cubana como fachada en Venezuela, se instaló en el país una estructura criminal transnacional sumamente eficiente y disciplinada que se infiltró para hacer implosionar el sistema democrático.
Cuba colonizó a Venezuela, penetró sus instituciones y universidades para desmantelar la democracia desde adentro. A partir de allí se instauró un ecosistema criminal donde el narcotráfico se utiliza como un arma estratégica para debilitar a las potencias occidentales, especialmente a los Estados Unidos.
Hugo Chávez, quien fungió como un catalizador de esta alianza, permitió que grupos como el Cartel de los Soles y organizaciones terroristas operen con total impunidad en el territorio venezolano.
Se trata de un modelo resiliente que utiliza dinero ilícito para influir en procesos electorales y sistemas de justicia a nivel global. En Venezuela se libra no un conflicto político convencional, sino una guerra infinita orquestada por regímenes autoritarios y el crimen organizado.
Guerra infinita contra la democracia venezolana
Venezuela se convirtió en el escenario en el que se produjo el cruce entre regímenes autoritarios, el crimen organizado y la corrupción sistémica, que transformaron el país en el nodo central de una estructura criminal global bajo la dirección de Cuba.
La revolución cubana, una de las estructuras criminales más disciplinadas del mundo, utilizó el narcotráfico y el crimen transnacional no solo con fines de lucro, sino como armas geopolíticas para debilitar las instituciones democráticas, particularmente en los Estados Unidos.
Con este objetivo como meta, inició la colonización de Venezuela con el fin de hacer transicionar una democracia próspera a un asentamiento controlado por Cuba, todo ello facilitado por Hugo Chávez.
Estamos en presencia de un ecosistema criminal en el que una red integrada por Estados —Cuba, Venezuela, Irán, Rusia, China—, así como por grupos terroristas —Hezbollah, FARC, ELN— y organizaciones criminales —Tren de Aragua, Cartel de los Soles—, se valen del narcotráfico como herramienta de guerra asimétrica que les permite erosionar el tejido social y político de las naciones occidentales.
La estrategia persigue la infiltración a través de la penetración profunda del dinero oscuro y agentes de influencia en la academia, la política y los sistemas judiciales de los Estados Unidos y otros países democráticos.
Es de importancia vital entender que la captura y procesamiento judicial de Nicolás Maduro por narcoterrorismo en Estados Unidos, no se traduce la neutralización del modelo, pues el nexo entre el G2 cubano, el remanente del aparato estatal venezolano y las estructuras del crimen organizado aún constituye un ecosistema de guerra infinita.
Venezuela: de democracia a colonia criminal
Durante el siglo XX, Venezuela fue un referente regional de estabilidad y prosperidad que atrajo inmigración europea y del Medio Oriente. Sin embargo, este proceso de apertura dejó ventanas que fueron aprovechadas por agentes malignos para infiltrar universidades, el ejército y el gobierno.
Esta infiltración silenciosa permitió que Venezuela mutara de ser un faro democrático en el hemisferio a convertirse en el nodo logístico de una red criminal global.
Captura sistémica
Pero debe entenderse que la erosión institucional comenzó mucho antes del ascenso de Hugo Chávez, específicamente a partir de 1958, cuando agentes externos, principalmente cuadros de inteligencia cubana, penetraron de forma sistemática en las universidades, los sindicatos y las capas medias del gobierno.
El encuentro en La Habana entre Fidel Castro y Hugo Chávez en 1994 se identifica como el catalizador del colapso venezolano. En esta reunión, el régimen cubano, bajo estrategias soviéticas, persuadió a la élite emergente venezolana para adoptar un modelo donde el crimen organizado es una política de Estado.
La influencia sobre Chávez fue facilitada por vínculos familiares, notablemente a través de su hermano, Adán Chávez, quien recibió entrenamiento en Cuba.
Bajo la tutela de Fidel Castro, Venezuela no solo adoptó un barniz ideológico, sino que se integró en la doctrina soviética de la narcotización como arma de guerra.
Castro convenció a la élite chavista de que el tráfico de cocaína no era simplemente un negocio, sino una herramienta estratégica para erosionar el tejido social y la estabilidad institucional de los Estados Unidos.
Así nació la «colonia cubana»: una simbiosis donde una isla con recursos limitados logró capturar a una potencia energética y controló, desde sus registros notariales hasta la cadena de mando militar y la sucesión presidencial.
Tampoco se puede olvidar que la transición derivó en la mayor tragedia de desplazamiento en la historia moderna, con más de 8 millones de desplazados venezolanos.
El ecosistema criminal
El ecosistema criminal instalado trasciende las fronteras nacionales y las distinciones tradicionales entre ideología y delincuencia.
En esta estructura, organizaciones criminales como el Cartel de los Soles y el Tren de Aragua (TDA), funcionan no solo como bandas delictivas, sino instrumentos de protección y agresión del régimen.
El Cartel de los Soles actúa como el brazo operativo militar en el tráfico de estupefacientes, mientras el Tren de Aragua (TDA) evolucionó de una banda carcelaria en Tocuyito y Tocorón a una sofisticada corporación transnacional.
Una transición que fue posible por operar bajo la dirección de figuras como el guerrillero chileno entrenado en La Habana, Maurice Hernández, quien estructuró las operaciones en prisiones como Tocorón y Tocuyito.
El TDA fue proyectado hacia el interior de Estados Unidos para actuar como un activo de desestabilización urbana y control de economías ilícitas.
Narcotráfico como arma geopolítica
Una de las revelaciones más críticas de todo este proceso es la concepción del tráfico de drogas no solo como una fuente de ingresos, sino como un arma de guerra asimétrica dirigida a atacar a los Estados Unidos desde adentro.
Esto con el fin de debilitar las instituciones, erosionar el tejido social y corromper el sistema judicial estadounidense.
El régimen venezolano/cubano logró una penetración significativa en sistemas democráticos mediante el uso de «dinero oscuro» proveniente de la corrupción y el tráfico de drogas.
El uso de pequeñas cantidades de dinero distribuidas en múltiples puntos para influir en elecciones locales —alcaldías, gobernaciones— y legislativas, aprovechando las leyes electorales de países como EE. UU., España, Argentina y Bolivia.
Testimonios de desertores como Hugo «El Pollo» Carvajal confirman que la inteligencia cubana penetró la comunidad de inteligencia, el entorno político, la academia y las fuerzas del orden en los EE. UU.
Grupos de izquierda en ciudades como Nueva York trabajan activamente para posicionar a los líderes del régimen, Nicolás Maduro y Cilia Flores, como víctimas de la agresión externa, financiados por este flujo de capital ilícito.
Espera estratégica
Tras la detención de Maduro, el chavismo entró en una fase de «espera estratégica» que, bajo la dirección intelectual de Delcy Rodríguez, apuesta al agotamiento de los ciclos democráticos en Occidente.
Además, el régimen entró en lo que la inteligencia denomina «síndrome de abstinencia de liquidez», pues con el regreso de la CIA y la apertura de la Embajada de EE. UU. en Caracas, el flujo masivo de dinero de los carteles se detuvo abruptamente.
Esto provocó que sectores de la población, dependientes de la microeconomía criminal, comiencen a manifestar nostalgia por el régimen de Maduro debido a la parálisis económica actual. Los carteles no desaparecieron, están en espera silenciosa de que el ciclo político de Donald Trump termine para retomar el control.
Y es que los agentes de inteligencia cubanos permanecen en cada oficina de PDVSA y en los registros estatales.
Vea Guerra infinita: “Episodio 5 ¿Qué sucede cuando el crimen organizado, los regímenes autoritarios y la corrupción se cruzan?”: