EE. UU. autoriza operaciones encubiertas de la CIA en Venezuela: la nueva fase de una guerra contra Maduro

La decisión del gobierno de Estados Unidos, confirmada por el presidente Donald Trump a el 15 de octubre de 2025, de autorizar a la CIA a realizar operaciones encubiertas letales en Venezuela con el objetivo explícito de derrocar o eliminar a Nicolás Maduro, marca una de las mayores escaladas en la política de seguridad estadounidense hacia el régimen chavista en más de dos décadas.

Según fuentes citadas por The New York Times y The Washington Post, la medida fue aprobada mediante un “presidential finding” clasificado, una figura legal que otorga a la Agencia Central de Inteligencia poder para ejecutar acciones letales fuera de las fronteras de EE. UU., ya sea de forma unilateral o en coordinación con operaciones militares mayores. Aunque oficialmente se enmarca en la lucha contra el narcotráfico y la migración ilegal, su propósito real se orienta al cambio de régimen en Caracas.

Guerra sin cuartel

Washington ha desplegado una intensa campaña de erosión de legitimidad contra Maduro, acusándolo como el líder del Cártel de los Soles, de haber cometido delitos de “narcoterrorismo” y ofreciendo una recompensa de 50 millones de dólares por su captura.

Esta estrategia no solo criminaliza a Maduro en el plano internacional, sino que busca fracturar el apoyo interno entre las élites, el ejército y la población. A través de operaciones psicológicas (psyops) y narrativas mediáticas amplificadas, EE. UU. busca sembrar disidencia dentro del chavismo en el marco de lo que el régimen representa la amenaza la seguridad nacional estadounidense.

La autorización de operaciones encubiertas en Venezuela se inscribe en la Estrategia de Seguridad Nacional (NSS) de la administración Trump, centrada en el principio de “America First”, la defensa del hemisferio occidental y la lucha contra la influencia de China, Rusia e Irán, aliados estratégicos de Maduro.

“El objetivo no es solo eliminar a Maduro físicamente, sino reprogramar la percepción colectiva en la región”, señalan analistas citados por Al Jazeera. “Washington busca construir una narrativa de liberación que justifique acciones más agresivas.”

Sanciones, ciberataques y poder naval

Durante 2025, Estados Unidos ejecutó cinco operaciones letales en el Caribe, con un saldo de 27 personas muertas, supuestamente vinculadas al narcoterrorismo. En paralelo, el Pentágono mantiene 10.000 tropas en Puerto Rico, además de submarinos y buques anfibios en posición avanzada frente a las costas venezolanas.

A esto se suma el bloqueo financiero, las ciberoperaciones sobre redes de inteligencia y narcotráfico, y el aislamiento diplomático del régimen. La administración Trump suspendió los canales de diálogo con Maduro, consolidando una ofensiva total de presión.

El diseño de esta estrategia híbrida le permite a Washington mantener la negabilidad plausible —evitando ser acusado de agresión directa— mientras incrementa la presión interna sobre el régimen.


El poder oculto de la CIA

Aunque EE. UU. es la potencia dominante, la operación en Venezuela adopta un enfoque asimétrico, propio de conflictos donde se busca minimizar costos humanos y políticos. En lugar de una invasión convencional, Washington ha delegado a la CIA la conducción de acciones quirúrgicas —eliminación de objetivos específicos, infiltración de redes criminales y manipulación de lealtades internas—.

Esta forma de guerra, descrita por Reuters como una “versión tropicalizada del contraterrorismo post-9/11”, busca explotar las debilidades estructurales del chavismo: corrupción, rivalidades dentro de la Fuerza Armada y dependencia de aliados externos.

El precedente más cercano es la operación que eliminó a Osama bin Laden en 2011, aunque en este caso el objetivo es político y estratégico: desarticular el núcleo del poder en Caracas sin un conflicto declarado. Trump incluso ha insinuado que “podría haber ataques terrestres” si el régimen responde con violencia, lo que marcaría una transición de lo asimétrico a lo híbrido-convencional.

El nuevo hemisferio de seguridad

La Doctrina de Seguridad Nacional de Trump 2.0 redefine las prioridades estratégicas de EE. UU. en el continente. Bajo el lema “América Primero”, Venezuela aparece como una amenaza directa a la seguridad fronteriza, al ser considerada epicentro de dos crisis: la migración masiva hacia el norte y el tráfico de fentanilo y cocaína hacia el mercado estadounidense.

Fuentes de The New York Times indican que el “presidential finding” otorgado a la CIA se fundamenta en autoridades previas de inteligencia y counternarcotics, reinterpretadas como parte de un “conflicto armado contra organizaciones terroristas y criminales”. Esta redefinición permite el uso de fuerza letal bajo la excepción de “autodefensa nacional”, evitando conflictos con la Orden Ejecutiva 12333, que prohíbe los asesinatos políticos.

Sin embargo, expertos advierten que la decisión podría tener consecuencias imprevisibles.

La autorización de la Casa Blanca a la CIA para ejecutar operaciones encubiertas letales en Venezuela no es un hecho aislado: representa la convergencia de tres doctrinas de guerra moderna —cognitiva, híbrida y asimétrica— en un mismo escenario.

Con ello, Washington busca reconstruir el orden hemisférico bajo su dominio narrativo y operativo, enfrentando al chavismo con nuevas reglas del juego. Pero el riesgo de una escalada regional, o de una respuesta coordinada de Rusia, China e Irán, podría convertir a Venezuela en el epicentro de una nueva guerra fría latinoamericana.

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