Crisis geopolítica en Latinoamérica: Venezuela y el Cartel de los Soles ante presión de EE. UU, incertidumbre electoral en Honduras, dudas en Chile

Una crisis geopolítica en Latinoamérica se deja sentir con el enfrentamiento de Estados Unidos con el régimen de Nicolás Maduro en Venezuela, cabecilla del Cartel de los Soles; denuncias de presunto fraude electoral en Honduras a más de una semana de los comicios; así como sospechas de irregularidades en las elecciones chilenas.

La situación política en América Latina fue objeto del análisis de quien estas líneas suscribe en compañía de Erick Fajardo, Bernardo Henao Jaramillo, Juan Lehuede y Pablo Barrios en el programa “Sin Filtros”, titulado “Tormenta Geopolítica en América” de reciente transmisión. El tema hondureño destaca en razón de que a una semana de los comicios se desconocen los resultados de las elecciones presidenciales donde un funcionario del partido de gobierno acusa un presunto fraude electoral.

Entretanto, los resultados de los comicios chilenos se ponen en duda por supuestos manejos dolosos que dejarían ver un alto número de actas «descuadradas» que han generado llamados a la anulación de las elecciones.

Por su puesto, la crisis de Venezuela donde el régimen de Maduro y su empresa criminal son objeto de presiones militares y legales de Estados Unidos decidido a acabar con el Cartel de los Soles. La delicada situación motivó ofrecimientos de mediación de actores como el presidente de Panamá y Turquía.

Estos conflictos se desarrollan en el marco de una guerra asimétrica y multinivel, donde la propaganda y la desinformación son armas clave para deslegitimar las instituciones democráticas, como el voto. La situación evidencia una confrontación global más amplia, donde actores como Rusia, China e Irán respaldan a regímenes hostiles a Occidente, convirtiendo a América Latina en un tablero crucial de este enfrentamiento.

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Venezuela: presión internacional y estrategias de Maduro

La crisis geopolítica en Latinoamérica tiene en el conflicto venezolano el eje de la tensión continental, con múltiples actores moviendo sus piezas en un complejo tablero.

Presión diplomática y mediática

• Oferta de Panamá: el presidente de Panamá, José Raúl Mulino, se ofreció a mediar y a acoger a «ciertas personas del régimen» para «agilizar cualquier transición». Esta acción, según Eric Fajardo, busca «naturalizar en la agenda mediática» que la única salida posible es la de Nicolás Maduro.

• Intervención de Turquía: el presidente turco, Recep Tayyip Erdoğan, contactó a Maduro. Oficialmente, la conversación fue para restablecer la conexión aérea Caracas-Estambul. Sin embargo, se trataría de una gestión de Erdoğan para ofrecerse como mediador o incluso como destino de un posible exilio.

Estas ofertas, más que ser soluciones viables, contribuyen a construir una narrativa internacional donde la salida de Maduro no es el debate en sí, sino su posible destino.

Posición y estrategia del régimen

Frente a la presión, el régimen de Maduro proyecta una imagen de cohesión y fortaleza, mientras se percibe que está entregando la soberanía del país a cambio de apoyo.

Demostración de fuerza: la graduación de aproximadamente 1000 efectivos de la DGCIM (Dirección General de Contrainteligencia Militar), es un evento que busca mostrar cohesión cívico-militar-policial.

Posición de no negociación: el núcleo del régimen no abandonará el poder voluntariamente. Pablo Barrios cree que el régimen actuará como cualquier otro cartel, a través de la fuerza. «Ellos van a hacer lo mismo que cualquier otro cartel o me sacan con los pies por delante o yo no salgo de acá».

• La «abuela Eréndira»: Nicolás Maduro, como el personaje de Gabriel García Márquez —metáfora a la que recurrió Eric Fajardo— actúa como la abuela ruin que prostituye a Venezuela, al entregar sus recursos estratégicos y soberanía territorial a países oportunistas como China, Rusia y Turquía a cambio de dinero y apoyo simbólico para durar unos días más en el poder.

Operación «Lanza del Sur» y el rol de Estados Unidos

La presencia militar estadounidense en el Caribe, denominada operación «Lanza del Sur», es el factor de presión más tangible sobre Venezuela y el Cartel de los Soles.

  • Poderes de guerra: la operación se ampara en la «Ley de Poderes de Guerra», que permite al presidente de EE. UU. desplegar tropas sin autorización del Congreso por un período limitado. Este plazo ya se habría cumplido, lo que intensifica la discusión sobre los próximos pasos.
  • Justificación antinarcóticos/antiterrorista: la base legal para acciones cinéticas se sustenta en la designación del Cartel de los Soles y el Tren de Aragua como «organizaciones terroristas extranjeras». Esto permite operaciones extraterritoriales, como la acción letal contra «narcoembarcaciones» ordenada por el secretario de Guerra, Pete Hegseth, quien asume la responsabilidad y debe probar que los objetivos estaban en una lista de inteligencia.
  • Oposición política interna: el Partido Demócrata intenta generar una dinámica de amparo de protección a Nicolás Maduro al cuestionar la legalidad de las operaciones y al buscar llevar el debate al Congreso para limitar el accionar del presidente.

El punto de no retorno

Los analistas coinciden en que la administración de Donald Trump llegó a un punto crítico donde la inacción tendría consecuencias devastadoras.

La fuerza de tarea está obligada a destruir el Cartel de los Soles, pues retirarse se convertiría en un ridículo ante el mundo, refirió Juan Lehuede. “La espada que se desenvaina se envaina con sangre”.

En esto coincide Eric Fajardo, quien subraya que la retirada sin resultados implicaría un daño en la moral del primer y más importante ejército del mundo sin posibilidad de volver de ello.

Para Pablo Barrios, la presión ahora es inversa, tras iniciada la operación “Lanza del Sur” no es Maduro quien la ejerce, sino Trump y el ejército de EE. UU., pero advierte que la inacción llevaría a la consolidación de los narcogobiernos en toda América Latina.

Bernardo Jaramillo, indicó que alargar la acción militar más allá del mes de diciembre llevaría, posiblemente, a incrementar la presión y buscar una salida negociada.

Crisis electoral en Honduras: oficialismo denuncia de fraude

Una situación sin precedentes se desarrolla en Honduras, donde el partido gobernante, Libre, a través de su consejero, Marlon Ochoa, denunció un fraude electoral sistémico tras las recientes elecciones presidenciales. El oficialismo formularía esta acusación como parte de una estrategia para anular un resultado electoral que no les favoreció, estimó Pablo Barrios, periodista que cubre el evento electoral.

Marlon Ochoa, en su calidad de representante del partido oficialista en el Consejo Nacional Electoral, presentó una serie de denuncias específicas y graves sobre el proceso:

DenunciaDescripción
Fallo del sistema (TREP)Fracaso masivo del sistema de Transmisión de Resultados Electorales Preliminares (TREP) con graves fallas tecnológicas.
Verificación biométricaSe retiró el requisito de verificación biométrica obligatoria, lo que permitiría la manipulación del padrón electoral.
Errores de transmisiónSe reportaron errores en cerca del 86 % de los registros de transmisión del TREP, generando discrepancias masivas en las actas.
Transferencia de votosSe identificó la transferencia automática de votos entre candidatos y partidos dentro del sistema, sugiriendo una alteración maliciosa.
Retención de actasMás de 16 000 actas (equivalentes a casi 1 millón de votos) habrían sido retenidas durante 40 horas sin procesar, permitiendo su posible modificación.
Apagones y fallasSe registraron apagones y fallas simultáneas en múltiples antenas y sistemas de difusión, dificultando la verificación pública.
Manipulación del código fuenteSe alega que el código fuente del sistema fue accedido, modificado y cerrado por una persona no autorizada, sin seguir los protocolos de las tres llaves oficiales del CNE.
Actas en ceroAlrededor de 5 000 actas aparecen en el sistema con resultados en cero, a pesar de haber sido físicamente contabilizadas.

Aunque es de la opinión —junto al resto de panelistas— de que cantar fraude era un escenario previsto, Barrios estimó que dicho fraude no salió a favor del oficialismo. La denuncia del propio gobierno es vista como la «excusa perfecta para poder anular las elecciones». Esto permitiría a la presidenta Xiomara Castro prolongar su mandato («unos dos años más ahí») mientras se dilata una nueva convocatoria.

Antes de los comicios se temía la ejecución de fraude por parte del oficialismo, pero finalmente no habría sido posible en razón de que su candidata, Rixi Moncada, quedó relegada a un tercer lugar.

La denuncia del propio gobierno no sería más que la excusa perfecta para poder anular las elecciones, lo cual permitiría a la presidenta, Xiomara Castro, prolongar su mandato entretanto se dilata una nueva convocatoria.

Entretanto, Eric Fajardo estableció un paralelismo con lo ocurrido en Bolivia en 2019, al recordar el modus operandi instrumentado por el socialismo del siglo XXI en la nación del altiplano: «el fraude sirve mientras sirva y cuando no sirve lo denunciamos nosotros». Refirió que cuando ni el fraude permite ganar, se «patea la mesa» para anular el proceso y declararse víctima.

Agregó que la detención del conteo del TREP al 57.3%, cuando el candidato de oposición Tito Asfura mantenía la ventaja, es una prueba de ello. Anular las elecciones sería un grave retroceso para la región, pues no se puede alegar su propia culpa en beneficio propio. La sociedad hondureña debe levantarse y exigir el respeto a los resultados.

Por su parte, Bernardo Henao Jaramillo considera que la anulación de las elecciones sería un grave retroceso para la región y puntualizó que no se puede «alegar su propia culpa en beneficio propio». Llamó a la sociedad hondureña a levantarse y exigir el respeto a los resultados.

El escenario más probable es la anulación de las elecciones, lo que podría derivar en un rompimiento del orden constitucional o un autogolpe por parte del partido gobernante, complicando aún más la situación geopolítica de la región y la política exterior de Estados Unidos.

Irregularidades electorales en Chile: un escenario inédito

En Chile, un país con una tradición de procesos electorales transparentes, surgen denuncias de irregularidades significativas durante la primera vuelta de las elecciones generales del 16 de noviembre, comentó Juan Lehuede, quien recordó que al procesó acudió la candidata comunista del oficialismo, entretanto la derecha se presentó fragmentada en cuatro candidaturas.

Riesgo futuro: existe la preocupación de que estas irregularidades hayan sido un «ejercicio de práctica para un eventual fraude gigante» en la segunda vuelta presidencial, programada para el 14 de diciembre.

Actas «descuadradas»: se detectó un porcentaje desproporcionado de actas «descuadradas», donde la suma de votos no coincide con el número de votantes registrados en la mesa.

Presidenciales: se reporta un 7 % de mesas descuadradas, cuando el estándar aceptado en Occidente por errores humanos es de hasta un 3 %.

Parlamentarias: el porcentaje asciende a un 25 % de mesas descuadradas para diputados y senadores.

Zonas específicas: en algunas zonas del norte del país, hasta un tercio de las mesas presentan descuadres.

Actas alteradas y delito penal: existencia de miles de actas que no solo presentan descuadre, sino que han sido enmendadas o alteradas. Esta manipulación constituye un delito penal castigado con cárcel en Chile.

El foco del problema: el nudo del problema se produjo en la transmisión telemática de datos desde las mesas de votación hacia el SERVEL (Servicio Electoral).

Acciones legales: se presentaron cuatro demandas civiles ante el Tribunal Calificador de Elecciones y dos de ellas solicitan la anulación de todo el proceso electoral.

Guerra asimétrica, desinformación

Todos estos conflictos transparentan la guerra de carácter asimétrico multinivel que se libra en la región, donde las armas no son solo convencionales.

Deslegitimación de la democracia: uno de los objetivos de los «países hostiles» es utilizar las herramientas de la democracia, como las elecciones, para deslegitimarlas. Denunciar fraude, exista o no, erosiona la confianza en el voto y en la institucionalidad de Occidente.

• Guerra de narrativas: la batalla principal se libra «en la cabeza de la gente» a través de la desinformación y la propaganda, destacó Petit. Lo que se reporta en Occidente y en Rusia son «realidades completas y paralelas» que poco tienen que ver con los hechos en el terreno.

Vea en Sin Filtros “Tormenta Geopolítica en América”:

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